Merced de Dios para Aconcagua
 


08 de Agosto, 2018
Breve historia de los orígenes de la Parroquia de La Merced de San Felipe. Con ocasión del Jubileo Mercedario de los 800 años.

La historia de los Padres Mercedarios comienza con San Pedro Nolasco por allá por 1203 en España, cuando comienza un movimiento de liberación de cautivos cristianos a causa de su fe. “En 1218 fundó una orden civil y religiosa de hermanos redentores, dirigiéndola hasta el tiempo de su muerte” (Pikaza, X, 1987). Siendo María quien “se le presenta indicándole el deseo que se funde una orden redentora, de la que ella habrá de ser cabeza y fundamento” (Pikaza, X. 1987). De ahí que el nombre de la Orden es de la “Virgen María de La Merced de la Redención de cautivos”. María es la redentora de los cautivos”. María es la redentora de las cautividades del mundo, fundamental para el plan de redención de su Hijo Jesucristo, “redención que es un misterio de presencia gratuita y salvadora de Dios que ha querido compartir nuestra existencia destruyendo de esa forma nuestra muerte” (Pikaza, X. 1987).

Dicha advocación Mariana llega a nuestro país “con la presencia de los RP. Antonio de Almagro y Anonio Solis que por razones de orden afectivo y pastoral acompañaron a don Diego de Almagro y sus compañeros a alejarse del Cuzco en Julio de 1535” (       Morales, A. 1983). Siendo inclusive una de las primeras advocaciones marianas en llegar, con la imagen de María de La Merced que trae el Padre Antonio Correa, la cual se venera desde 1548 en la Basílica Menor de la Merced de Santiago, ubicada en la calle Mc Iver. Desde ahí se ha expandido por cientos de ciudades a lo largo y ancho de nuestro país, manifestándose esta advocación en diversas grutas, capillas, parroquias; quedando plasmada la importancia de María de la Merced en las tradiciones de diversos lugares.

En relación a nuestra ciudad, Monseñor Guillermo Echeverría escribe que la Orden de la Merced es “la segunda orden religiosa que vino a sentar reales en la que más tarde sería San Felipe” (Echeverría, G. p. 105) quien cuenta, además, que el primer convento mercedario en nuestras tierras sanfelipeñas se construyó a los márgenes del Aconcagua, por allá por el 1687, cerca de donde hoy se ubica la casa del Buen Pastor, donde tenían un molino propio.

Una vez que se funda la villa de San Felipe el Real se trasladan a la calle Mercedes, la que hoy conserva el nombre de Merced, con la calle San Pedro Nolasco, actual Toro Mazote. Templo que fue construido gracias a la donación y acción de don Andrés de Toro e Hidalgo y que según Julio Figueroa, quien escribiera la primera historia de San Felipe, se vino cuatro veces abajo por culpa de los terremotos. Hasta que el terremoto de 1965, hiciera que definitivamente el convento y el Templo se trasladaran a la población Pedro Aguirre Cerda, donde se encuentra hoy la Parroquia de la Merced. Dejando como vestigio de la “Merced Vieja” el campanario que hasta el día de hoy se aprecia y se levanta en medio de la ciudad y colegios cercanos, siendo una postal típica del patrimonio de nuestra comuna.

A lo largo de estos siglos que los Padres Mercedarios han estado presentes en nuestra ciudad, han pasado numerosos frailes y sacerdotes que han entregado su vida por el carisma mercedario, por mencionar a algunos: el padre José Manuel Troncoso, quien fuera superior del convento entre 1855 y 1865, y el que edificara el templo que cien años después caería con el terremoto. Así también el padre Pedro Proaño Cárdenas, que en 1937 llega desde Ecuador a San Felipe, “captando la estimación de todos, pues era un modelo de observancia regular, de celo apostólico, de amor a la Orden y de trato afable con todos” (Guerrero, H. 1994). Así también el Padre Ramón Vilches quien fuera superior del convento entre 1958 y 1964, quien construye el campanil de la “Merced Vieja”, que se conserva hasta el día de hoy. Además, el Padre Rodolfo Hording, quien se caracterizó por su trabajo en la educación, siendo profesor en el Instituto Abdón Cifuentes. Pero no puedo dejar terminar de escribir la historia de nuestra Parroquia Mercedaria sin recordar al “Regalón de Dios”, el Padre José Beltrán, el  cual está aún en la memoria contemporánea de nuestra ciudad, quien con su entrega y trabajo fuera quien fundara el actual convento y trasladara la Parroquia a la “Merced Nueva”. El Padre José estuvo en el período de 1968 a 1978, época del cambio de la “Merced Vieja” a la “nueva”. Para luego volver en 1991 a San Felipe y quedarse hasta el 2011, año que retorna a la Casa del Padre con 97 años de edad y 70 de sacerdote. Reconocido por su gente e incluso desde Roma, por su amor a la Virgen y a su Orden, entregó hasta su último día en esta tierra su testimonio de humildad y entrega de sacerdote sabio y de hombre de Dios.

Los Padres Mercedarios se han dedicado a acompañar en la enfermedad y en la soledad de la cárcel, educando y, sobre todo, evangelizando a un gran sector de San Felipe, manteniendo vivo y firme el amor del pueblo sanfelipeño a María, que se ha manifestado por siempre en la entrega constante de un grupo de laicos que consagran su vida a la Merced. Que san Pedro Nolasco interceda por la Familia Mercedaria, que celebra el tiempo jubilar de 800 años de existencia, para que nos envíen abundantes y santas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa en la Orden, para mantener el carisma mercedario en esta Viña del Señor que peregrina en el valle del Aconcagua.

 

Prof. Mg. © Ricardo Ramírez Basualdo, Laico Mercedario.

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