Valioso hallazgo artístico en Museo Colonial de Curimón
 


23 de Mayo, 2019
Internarse en el Museo Colonial de Curimón es un viaje maravilloso hacia los inicios históricos y culturales, profundamente territoriales, del continente.

El registro material que lo compone atraviesa todas las épocas, períodos y manifestaciones humanas. Curimón, lugar donde confluyen y se encuentran los caminos, alberga en sus habitaciones únicas expresiones de humanidad, en sus más diversos períodos y particularidades; así como los vaivenes históricos que ha debido sobrellevar al menos, en los últimos 400 años de historia.

El caso que nos ocupa refiere al año 1748 con el arribo a Chile del Sacerdote Jesuita Haymhaussen procedente de Alemania. Primo del Emperador alemán y de la Reina de Portugal se le concede el permiso “para pasar” a América acompañado de cuarenta hermanos coadjutores[1]. Largo tiempo estuvo seleccionando los mejores artistas,  incluso en talleres públicos y privados, dado que no eran suficientes los hallados en colegios de la compañía.

Tenían como misión prestigiar la orden al tiempo que transmitir conocimientos a los artistas locales.

Esto se concreta durante al menos veinte años. Tuvieron los jesuitas un Seminario denominado Colegio Azul, donde estudiaron algunos destacados artistas chilenos y sus discípulos.

 

El Pintor Ambrossi  

Los antecesores jesuitas habían procurado traer consigo a América “profundos teólogos, incansables operarios y buenos estudiantes”[2]. Esta inmigración jesuita fue diferente. Abundó en las artes en sus variadas manifestaciones; destacándose la pintura, escultura, platería e imaginería.

Desde Tirol le acompaña en este viaje Joseph Ambrossi. De clara ascendencia italiana, aunque suizo de nacimiento, su obra es vinculada  al renacimiento.

Inaugura junto a otros grandes exponentes el panteón de artistas de la pintura  colonial americana, siendo este uno de sus destacados atributos.

Sugieren algunos estudiosos que esta obra pudo haber sido dejada en custodia con posterioridad a 1767, corriendo similar suerte que la escultura de San Sebastián de Bitirich, hallado en una cueva cercana  y expuesta hoy día en la Iglesia de Los Andes.

Las alegorías de su autoría conocidas son las relativas a las advocaciones con que se invoca a la Madre de Dios en letanía lauretana. Esta serie de veintitrés cuadros fue identificada por tres obras. El museo colonial de Curimón guardaba en sus habitaciones una más. Celebramos que la desidia y el desconocimiento hayan pasado por encima esta obra, permitiendo que pueda ser conservada como patrimonio para las generaciones futuras. Agradecemos al Obispado de San Felipe y al Servicio Nacional del Patrimonio la confianza y los recursos para llevar adelante este proyecto, aporte  de la Fundación Buen Pastor San Felipe a la puesta en valor y conservación de nuestro patrimonio cultural.

 

[1] Entre los regulares de la compañía de Jesús, el que no hace la profesión solemne.

[2] Luis Alvarez Urquieta, 1933.

 

 

Fuente: Fundación Buen Pastor

 

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