El domingo 28 de noviembre concluyo la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, en la Ciudad de México. Asambleístas presenciales y virtuales representantes de las distintas conferencias convocadas buscaron reactivar y animar la vida pastoral a la luz de Aparecida y el magisterio del papa Francisco, propuesto en Evangelii Gaudium.
Sin duda la Asamblea Eclesial ha sido una oportunidad que Dios nos ha dado a todo el Pueblo de Dios de América Latina para reaprender a escuchar, y para hacer este signo un método permanente en la vida cristiana y en el discernimiento social y pastoral. La Asamblea ha sido una experiencia eclesial novedosa, más de 700 asambleístas conectados a través de la plataforma Zoom, y muchos más conectados a través de las distintas plataformas de Redes Sociales; pero siempre sostenida en el pilar de: escuchar la voz de Dios. Escuchar a Dios que no habla tanto en el ruido, sino que, en el silencioso interior, en el corazón; pero también Dios habla en el hermano y hermana que sufre y que muchas veces se encuentra en nuestras propias periferias. Es por eso que la Asamblea giro durante todos estos días en la potente afirmación: escuchar la voz de Dios ahí donde se manifieste, sin prejuicio, sin fronteras. Es por eso que la Asamblea será un aporte que solo enriquecerá nuestro camino.
El papa Francisco en su mensaje a los asambleístas hace el llamado a un principal desafío, que es que la Asamblea Eclesial debe atender el cómo reavivar “Aparecida” y cómo impulsar a fondo el proyecto de “Evangelii Gaudium”. Es por eso que la Asamblea no busca ser una nueva conferencia, sino que busco preguntarse durante esta semana: ¿cómo debemos ser y hacer para que “Evangelii Gaudium” sea un método verdadero para el camino cristiano?
La Asamblea nos ha mostrado el camino para una vida más sinodal, más comunitaria, más cercana a la escucha. Hoy cuando requerimos más que nunca la apertura y mayor hondura, al afrontar momentos de reto de la diversidad y de las nuevas realidades complejas que van emergiendo, necesitamos este espíritu sinodal. Que podamos ser verdaderos “peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu” (Francisco, Homilía Apertura del Sínodo de los Obispos).
Ya no hay marcha atrás de lo vivido, soñado y conversado en la Asamblea Eclesial, ahora es tiempo de recoger y acoger los 12 desafíos propuestos por los asambleístas y llevarlos a nuestra propia realidad diocesana, en donde nos encontramos viviendo el proceso nacional camino a la III Asamblea Nacional, que se realizará en octubre del próximo año.
Desde nuestra diócesis de San Felipe, fuimos representados en la Asamblea Eclesial por María Francisca Guerra López, quien participa en la Vicaria Pastoral y en la delegación de comunicaciones.
De esta manera, se terminó de definir un plan de doce desafíos para la adaptación de la Iglesia latinoamericana y caribeña a los tiempos que corren:
- Reconocer y valorar el protagonismo de los jóvenes en la comunidad eclesial y en la sociedad como agentes de transformación.
- Acompañar a las víctimas de las injusticias sociales y eclesiales con procesos de reconocimiento y reparación.
- Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, las instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial.
- Promover y defender la dignidad de la vida y de la persona humana desde su concepción hasta la muerte natural.
- Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo.
- Promover la participación de los laicos en espacios de transformación cultural, político, social y eclesial.
- Escuchar el clamor de los pobres, excluidos y descartados.
- Reformar los itinerarios formativos de los seminarios incluyendo temáticas como ecología integral, pueblos originarios, inculturación e interculturalidad y pensamiento social de la Iglesia.
- Renovar, a la luz de la Palabra de Dios y el Vaticano II, nuestro concepto y experiencia de Iglesia Pueblo de Dios, en comunión con la riqueza de su ministerialidad, que evite el clericalismo y favorezca la conversión pastoral.}
- Reafirmar y dar prioridad a una ecología integral en nuestras comunidades, a partir de los cuatro sueños de Querida Amazonía.
- Propiciar el encuentro personal con Jesucristo encarnado en la realidad del continente.
- Acompañar a los pueblos originarios y afrodescendientes en la defensa de la vida, la tierra y las culturas.
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