Esta celebración fue presidida por el padre Gonzalo Bravo Álvarez, Obispo Diocesano, con la participación del Nuncio Apostólico Alberto Ortega Marín.
El miércoles 31 de marzo en la capilla del Capilla de Centro de Espiritualidad del Santuario de Santa Teresa de Los Andes se celebró la Misa Crismal, en la cual los presbíteros renuevan sus promesas sacerdotales y se consagró el Santo Crisma y se bendicen los óleos para los enfermos.
La Eucaristía fue presidida por el Padre Gonzalo Bravo Álvarez, Obispo de San Felipe, acompañado por el Nuncio Apostólico Alberto Ortega Marín, y la totalidad de los presbíteros de la diócesis de San Felipe, celebración tuvo todos los protocolos sanitarios establecidos por el MINSAL
La homilía fue predicada por el Nuncio Apostólico Alberto Ortega Marín, quien expresó: “El sacerdote no es simplemente alguien que detenta un oficio, como aquellos que toda sociedad necesita para que puedan cumplirse en ella ciertas funciones. Por el contrario, el sacerdote hace lo que ningún ser humano puede hacer por sí mismo: pronunciar en nombre de Cristo la palabra de absolución de nuestros pecados, cambiando así, a partir de Dios, la situación de nuestra vida. Pronuncia sobre las ofrendas del pan y el vino las palabras de acción de gracias de Cristo, que son palabras de transustanciación, palabras que lo hacen presente a Él mismo, el Resucitado, su Cuerpo y su Sangre, transformando así los elementos del mundo; son palabras que abren el mundo a Dios y lo unen a Él. Por tanto, el sacerdocio no es un simple «oficio», sino un sacramento: Dios se vale de un hombre con sus limitaciones para estar, a través de él, presente entre los hombres y actuar en su favor. Esta audacia de Dios, que se abandona en las manos de seres humanos; que, aun conociendo nuestras debilidades, considera a los hombres capaces de actuar y presentarse en su lugar, esta audacia de Dios es realmente la mayor grandeza que se oculta en la palabra «sacerdocio». Que Dios nos considere capaces de esto; que por eso llame a su servicio a hombres y, así, se una a ellos desde dentro, esto es lo que en este año hemos querido de nuevo considerar y comprender. Queríamos despertar la alegría de que Dios esté tan cerca de nosotros, y la gratitud por el hecho de que Él se confíe nuestra debilidad; que Él nos guíe y nos ayude día tras día.” Finalizó Mons. Ortega.
Esta Misa Crismal que celebró el obispo con todos los presbíteros de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él, ocasión que los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales.
Además se consagró el Santo Crisma y se bendicen los óleos para los enfermos. El Santo Crisma, es decir el óleo perfumado que representa al mismo Espíritu Santo, nos es dado junto con sus carismas el día de nuestro bautizo y de nuestra confirmación y en la ordenación de los presbíteros.
Fuente: Comunicaciones




